- Sobredimensionar situaciones comunes. La hipersensibilidad de alguien que sufre en silencio, puede hacerle vivir cualquier evento de manera extrema, llevando al límite sus reacciones.
- Trastornos alimentarios o adicciones. Trasladar el dolor a otros aspectos como la comida o intentar mitigar sus efectos a través de conductas adictivas nocivas, es otro indicador de que la persona podría estar retrasando una elaboración del duelo inevitable.
- Negación de la situación de pérdida. En estos casos es común no solo evitar hablar de la nueva realidad en la que se hace notoria la ausencia de la persona fallecida, también evitar nombrar a la persona que ya no está como manera de alejar este hecho.
- Síntomas psicosomáticos. Problemas físicos como aquellos relacionados con el aparato digestivo, dolores agudos de cabeza, caída del cabello, dolores musculares e incluso problemas en la piel son algunos de los síntomas más habituales cuando se rehúye afrontar el dolor.
- Falta de visión de futuro y problemas con las relaciones. Aunque a priori pueda parecer que son dos temas diferentes, la realidad es que carecer de una planificación de futuro nos hace fallar en la empatía. Desconectar con el entorno social, pone de manifiesto cierta indiferencia en el plano afectivo provocando que el sufrimiento interno opaque cualquier plan anterior a la pérdida.
Apreciando el Ahora: Celebrando el Presente con Collyfer



Deja una respuesta