- Pérdida del apetito ya que, cuando se acerca la muerte, las necesidades energéticas disminuyen.
- Sueño y fatiga: Quién está viviendo sus últimas horas pasa dormido la mayor parte del tiempo. Por la noche, su metabolismo se ralentiza y la falta de comida y de bebida contribuye a su deshidratación.
- Debilitamiento general: Como es lógico, la falta de alimento y el cansancio debilitan mucho a las personas.
- Confusión: Esto se debe en gran parte a que el organismo y sobre todo el cerebro comienzan a dejar de funcionar poco a poco.
- Dificultades para respirar y fuertes ruidos en las espiraciones e inspiraciones.
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