- Aceptar la realidad de la pérdida. Debemos afrontar el hecho de que la persona ya no está. Ya que hay personas que niegan que se haya producido una pérdida pero también hay algunas que niegan el significado que suponen.
- Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida. La ira o el enfado, son algunas de las evidentes pero también puede que no estés dejando salir a la superficie otras emociones más difíciles de afrontar, pero que también es necesario manejar, como es el caso del dolor, la angustia, o el sentimiento de soledad.La negación de las emociones se puede hacer evitando pensamientos dolorosos, recuerdos del fallecido, o consumiendo drogas o alcohol.
- Adaptarse a un medio en el que la persona está ausente. Debemos comprender que el fallecido no está y adaptarnos a una vida sin él.
- Recolocar emocionalmente al fallecido. Debemos encontrar maneras de recordar a los seres queridos, pero sin que ello nos impida seguir viviendo. No consiste en renunciar al fallecido, sino en encontrar un lugar adecuado para él en su vida emocional.
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