- La tristeza. Anciano en pena (en el umbral de la eternidad) – Vincent van Gogh, 1890
- La incredulidad. ¡Mira qué bonita era! – Julio Romero de Torres, 1895
- La ira. Paisaje Carbonizado – Lee Krasner, 1960
- La soledad. El caminante sobre el mar de nubes – Caspar David Friedrich, 1818
- Apatía. Autómata – Edward Hopper, 1927
- Rabia. El ángel caído – Alexandre Cabanel, 1847
- Serenidad. El abrazo de amor de El universo, la Tierra (México), Yo, Diego y el señor Xólotl – Frida Kahlo, 1949
El arte pictórico nos puede ayudar a empatizar y poner en imágenes lo que a veces no se puede definir con las palabras. La pintura, como otras formas de cultura, puede acompañarnos tanto en el viaje de emociones que supone la elaboración de un duelo, como en otros momentos difíciles que atravesamos en la vida. Sin duda, una mirada reflexiva más allá de la apreciación puramente estética.



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